El Comité Confederal de la CNT está hablando estos días de organización paralela, ente con el que nadie parece tener que ver pero que sin embargo todos conocen. Sí. Todos los afiliados y militantes de la CNT deberían saber de la existencia de una organización paralela. La ruptura con los Principios, Tácticas y Finalidades y con la normativa orgánica, con la aceptación de liberados (GTC y Fundación Anselmo Lorenzo), la presentación a elecciones sindicales con otras siglas, el uso de locales para albergar actos y hacer reuniones con la CGT o con el partido Podemos, el poder acumulado por el Comité Confederal, y en definitiva el fomento de un sindicalismo profesionalizado, desideologizado y de servicio laboralista; la corrupción (no presentación de cuentas, desfalco por parte del Comité Confederal, irregularidades con Hacienda, el Gabinete Técnico Confederal llevando casos de otros sindicatos mientras rechazaba los de CNT por estar supuestamente saturado, escándalos de compra de votos que se saldaron con expulsiones); las desfederaciones inorgánicas; la toma de acuerdos congresuales por una minoría; el impago de cuotas a la AIT, junto con la propuesta de un Congreso de refundación reformista de la misma a espaldas del Congreso legítimo de la AIT que se celebrará en diciembre, nos indican claramente de qué organismo se trata. Esta organización paralela es la CNT del XI Congreso, con Martín Paradelo a la cabeza, también llamada “paradela”, para entendernos.
Y si esta organización, cuya acción viene definida por unos acuerdos congresuales y un Comité Confederal violadores del principio de federalismo y autonomía de los sindicatos, resulta que es de hecho una paralela, no debería quedar más remedio que admitir que la verdadera CNT es la que ha quedado fuera de la CNT XI Congreso. Esto es algo que los sindicatos “críticos” que todavía siguen dentro se niegan a ver, porque mantienen la ilusión de que ellos pueden eliminar el parásito de la infiltración reformista, transformando la paralela de nuevo en la organización anarcosindicalista que era. Y es cierto que eso se hizo en otras épocas, con más militancia, con más conciencia, pero hoy, si es esto lo que están esperando, no van a llegar nunca, porque serán barridos antes de lograrlo. La tendencia es justo la contraria y el proceso de destrucción está muy avanzado y yendo muy rápido.
Los federados “críticos” saben lo que está pasando, pero atrapados en el sistema de normas y procedimientos de los reformistas, no tienen fuerza para hacer nada, principalmente porque en el Congreso y demás comicios, su sistema de votación hace que quien más paga tenga más votos, a lo que hay que restar las fuerzas de los alrededor de veinte sindicatos desfederados y autodisueltos y las fuerzas de los que se están perdiendo.
Si a esto le añadimos la prohibición expresa en los acuerdos de Congreso de relacionarse con los desfederados, que cada día son más, el conseguir un cambio desde dentro aparece como una idea todavía más ingenua. Tal prohibición significa no poder reunirse públicamente con los desfederados, que son compañeros expulsados por su actitud crítica, no poder mantener un debate público sobre las desfederaciones y el choque de tendencias, además de no poder sacar información hacia la afiliación de forma que ésta no se mantenga ignorante y pasiva. ¿Cómo la mayoría, los afiliados que están pagando el negocio de los abogados y los vicios de los secretarios, los que a la hora del conflicto con el patrón no cuentan más que con la solidaridad de los verdaderos militantes, van a poder reaccionar a esta infección oportunista si ni siquiera existe un debate público sobre lo que está pasando en CNT? Como consecuencia, los paralelos siguen apareciendo como los “oficiales”, los “legítimos”, mientras los expulsados son considerados a lo más un residuo que ha quedado temporalmente fuera y que eventualmente podría llegar a rescatarse en la estructura organizativa de la que salió.
Entonces, el mantener la ilusión de una “recuperación” desde dentro de lo que ya es una paralela, está llevando a consecuencias nefastas que incluso hacen más improbable esa recuperación. Si los federados críticos ante la amenaza de la expulsión evitan el contacto con los expulsados y dejan que se siga expulsando o eliminando por otras vías, a los sindicatos no reformistas, lo único que consiguen es alargar la agonía del derrumbe confederal. Ese desangrado gota a gota, sindicato a sindicato, genera la dispersión y resta fuerzas y esperanzas a todos los anarcosindicalistas, que hoy ya deberían actuar unidos.
La única esperanza de atajar este proceso es la ruptura con los reformistas y la reunificación de todos los sindicatos que estén de acuerdo en preservar la CNT anarcosindicalista, dado que para hacer otro tipo de sindicalismo ya existe la CGT, que en su día ya fue una paralela y que por lo visto pretende seguir siéndolo. Ruptura y reunificación es lo que propone el Congreso de Reestructuración iniciativa de CNT-AIT Levante. No cabe duda de que este Congreso necesitará del apoyo de todos los sindicatos expulsados y críticos. Desgraciadamente, es más que posible que no cuente con él en la medida en que lo necesita. No obstante el proceso congresual seguirá adelante pese a quien pese, porque el objetivo de preservar la CNT es de la máxima urgencia. Y esto es así, aun sabiendo que la Confederación son primero que nada sus militantes, porque ellos deben tener unas estructuras organizativas, unos principios y normas mínimas, claros, desde los que poder desenvolverse como tales. De nada nos vale tener militantes leales oprimidos y explotados por comités paralelos. Por eso es vital que los que siguen dentro de la XI Congreso se decidan a ver que están bajo una organización paralela, tal como reconocen las propuestas que para el Congreso de la AIT en diciembre varias secciones, entre ellas KRAS-AIT, han formulado en este sentido, pidiendo la expulsión de la CNT-E resultante del XI Congreso. Esto debería ayudarles a comprender que para sobrevivir como anarcosindicalistas solo cabe una ruptura, que es lo que con toda seguridad va a hacer, en el plano internacional, la AIT.
Los federados “críticos” han de asumir además otra cosa: que no les queda mucho tiempo, porque el confederal reformista no va a tolerar “disidencias”, y para ello va a hacer uso de dos vías, que figuran en acuerdos de Congreso: la marginación económica, que obliga a disolverse a los que no pueden cumplir con los exigentes y estrictos requerimientos de mínimos de afiliación y de pago de cuotas que se han impuesto, y la desfederación directa, disciplinaria, a los que no sigan su línea o incumplan la prohibición de tratar con expulsados. Por una de las dos van a caer, por lo que no han de pensar ni por un momento en que por callarse y acatar, o por evitar a los desfederados, su eliminación va a ser menos segura. Todos los que tengan mínima sospecha de ser críticos, o neutrales, o de no estar de acuerdo con el objetivo perseguido de fusión con CGT, van a ser expulsados. No de una vez, claro está. Su juego precisamente ha sido el de no ir de una, de forma que los que se quedan dentro se acobarden y los de fuera se dispersen. La única excepción dentro de ese proceso de expulsiones ha sido Levante, que fue casi una regional entera desfederada, lo que para los reformistas mismos hoy debe ser visto como un error táctico.
Pero todo esto también puede ser intuido por los “críticos”, ¿por qué entonces se sigue resistiendo en la XI Congreso, dentro de esta organización paralela? A los desfederados se les suele contestar al preguntar por esto, que ellos lo ven de otra manera, porque ya están fuera y para ellos todo es más fácil. Evidentemente, esto está escrito por alguien que ya está fuera puesto que lo que defiende es el salir, pero que lo hace precisamente para reivindicar la concentración de fuerzas anarcosindicales, por lo que parte de una contrastación de perspectivas. Lo que defendemos los de “fuera” no es “nuestra perspectiva” o nuestra conveniencia, sino que tratamos de crearnos un juicio objetivo y dar con una solución buena para todos. El debate con los federados, con ser pobre, existe, y algunas afirmaciones dejan entender en qué consiste ese “tenerlo más complicado”. La realidad es que hay sindicatos con la afiliación dividida entre tendencias, y en los que seguramente una separación significaría quedarse en nada, pero en general el motivo recurrente suele ser el de las siglas y los locales, el patrimonio que tanto han perseguido los cegeteros.
Es mi deber advertir a quienes lean, que escribo esto como militante y que es análisis personal que no quiere representar a nadie. Lejos de mi intención está el desmoralizar a los que siguen dentro de la XI Congreso, o dar a mi opinión un estatus de verdad incontestable. Al contrario, lo único que persigo es que el debate siga abierto y se sigan acercando posiciones, y si mis impresiones son falsas y se deben al desconocimiento por estar fuera, espero que se vean debidamente contestadas para poder avanzar hacia la recuperación de la CNT.
Por lo que se deduce de esas afirmaciones antes referidas, que hablan de las implicaciones que para siglas y patrimonio resultarían de una ruptura con la XI Congreso, los sindicatos han de pensar en qué es lo prioritario. Han de clarificarse en esto. En cuanto a las siglas, todos los desfederados las siguen usando y los reformistas saben que no vamos a ceder, igual que la AIT también lo tiene claro, ya que puede demostrar quién es y quién no es la AIT, y por mucho que nos lleven a juicio, seguiremos existiendo y llamándonos como queramos. Y en cuanto al patrimonio inmueble, que es la otra razón que se suele dar, hay que tener en cuenta que los locales son importantes, pero que también pueden actuar como peso muerto si no hay militancia que los sostenga económicamente y que les de vida, ya que nos podemos encontrar en salas inmensas dando charlas a menos de diez personas, lo cual nos está indicando qué es lo importante. Lo prioritario es la militancia, y para sostener los locales se necesita un mínimo que seguramente habrá que buscar fuera, en la calle o en el centro de trabajo. Sobrevivir como proyecto revolucionario, eso es lo que hay que anteponer, y no permitir que nos estén dividiendo por mantener los locales unos meses hasta que nos echen. Hay que preguntarse si podemos organizar una defensa física de los locales, resistir dentro y evitar el desalojo del espacio de patrimonio que legítimamente nos pertenece. Si se puede, hay que hacerlo, si no, habrá que sacrificarlos, y empezar como empezaron nuestros abuelos, sin local y con mucha acción de calle, pero lo primero es ser coherentes y hacer anarcosindicalismo, y en la XI Congreso no se puede ni hablar de eso.
Será necesaria la suma de las fuerzas con todos los expulsados para hacer frente a este ataque de infiltración de los reformistas. Estos son los escindidos porque son elementos que buscan la fusión con una organización escindida hace años, la CGT. Si queremos sobrevivir a esta crisis de oportunismo, que ha prosperado sobre una base social mal trabajada y mal educada, no podemos echar la culpa a las estructuras sindicales de lo que es fallo humano, y hemos de admitir que si bien es imposible controlar la ideología de quien entra, sí podemos trabajarla, haciendo que la acción sindical sea inseparable de la concienciación revolucionaria. Para ello, hemos de tener claras nuestras ideas, creer en ellas, y ser capaces de transmitir un discurso propio, el del anarcosindicalismo, para contrarrestar el caos y la confusión ideológica en que el sistema ha sumido a la sociedad y por extensión a los integrantes de este sindicato. En este sentido el ataque del reformismo va a servir para poner a prueba la firmeza de principios de la militancia; la CNT será para quien la defienda y defienda el anarcosindicalismo, no será defendida ni por indecisos ni por los que estando ahí, nunca creyeron en ella.
Ahora que la deriva de la clase trabajadora hacia el conformismo y el delegacionismo propios de la trampa reformista, nos ha llevado a perder todo lo que se creía que el movimiento obrero había conseguido para siempre, ahora que los obreros parecen haber asumido plenamente la mentalidad patronal, es cuando más necesitamos de la Confederación, porque es la única organización con aspiración de cambio integral de la sociedad, y la única que podría integrar todas las luchas hacia un objetivo revolucionario. Por supuesto que la situación material no es la misma en la clase trabajadora, que el discurso de un obrero cenetista analfabeto del siglo pasado era más sólido que el de la mayoría de los cenetistas de hoy porque tenía más clara su posición en la sociedad, pero es que mientras la capacidad adquisitiva es comparativamente superior, la función no ha cambiado, y la divisoria obrero y patrón no solamente sigue estando presente sino que se va a ir pronunciando conforme esa subida relativa del nivel de vida con respecto al pasado vaya dejando paso a su contrario, y esto va a ser así porque la organización obrera ha sufrido un retroceso por efecto del reformismo estatalista. Y en cualquier caso, no podemos crear una coyuntura económica, pero sí podemos y debemos tratar de influir en nuestros hermanos de clase. Empecemos por todas esas personas de más de treinta que están dependiendo de unas prestaciones o indirectamente de unas pensiones que van en caída libre, que trabajan meses o días sueltos y el resto están parados, sin un desarrollo profesional, sin poder independizarse ni formar familia, y que dicen que no son obreros, ni necesitan organizaciones obreras, ni quieren sindicatos, porque por su aburguesamiento estamos los demás pagando. O por los que tienen a los abuelos muertos por ser cenetistas y ni siquiera saben lo que es la CNT. Habrá que recordarles que son obreros, descendientes de otros obreros que se dejaron la vida por vivir en un mundo sin patrones, habrá que recordarles que jamás en la vida ha existido otro movimiento como éste, y que todos los otros, políticos, sociales, culturales...han sido producto de la sociedad burguesa, confusión y fraude. Necesitamos esta organización, sí, con estas siglas, porque ahí va nuestra identidad histórica y nuestra misión histórica, todavía irrealizada. A quienes creemos que merece la pena luchar por ella el tiempo nos dará la razón. ¡Obrero cenetista, lucha por que tu sindicato se mantenga fiel a sus principios!, ¡haz lo que puedas por integrar todas las luchas!, ¡procúrate una formación integral y mantén tu mente despierta a todos los intentos de manipulación! Que en este siglo podamos volver a vernos y decir: ¡Salud, compañero!

Comentarios   

0 #1 Jose Caballero 02-11-2016 23:09
a verdad anarquista no puede

y no debe depender de las decisiones

de las mayorías reales o ficticias y añado Ni nadie puede,por arbitrariedad personal, excluir a cmpañeros ya excluidos pir los ''reformistas'' ¿Porque, comñañeros, se esta vetando el derecho otros sinicatos y militantes expulsados a la ''reoorganizacion'' del anarcosindicalismo en esta nueva etapa.
Alguien, algunos, reinciden los mismos ''errores'' autoritarios que critican. Y muchos buenos y convencidos anarquistas van a quedar fuera, huerfanos , sinparticipar en ninguna de las antagonistas organizaciones.
Llamo a una reflexion sobre ello.
Salud y frsternidad anarquista.
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