La situación a que ha llevado el entrismo reformista a la CNT es difícil para quienes defienden el sindicalismo anarquista, porque solamente los que ya eran muy conscientes del sentido y la necesidad del anarcosindicalismo resistirán bien esta crisis.

 

Llovía sobre mojado. El reformismo fue haciéndose con la organización de forma manifiesta, pero al mismo tiempo muy sutil, dado que aunque en su discurso habitual aparece la ideología como lastre para el crecimiento, en ninguno de los dos últimos congresos se deja de presentar el comunismo libertario como finalidad esencial de la organización. Pese a que se veía claramente cómo a través de votaciones y desfederaciones se expulsaba a los sindicatos críticos, el anarcosindicalismo en la CNT ha ido desangrándose gota a gota, despacio, más de una década, como si nada estuviera ocurriendo. Pero el principal problema es que la reacción a esto, que en otro tiempo hubiera sido de choque contra el reformismo, bien para expulsarlo, bien para escindirse de él, ha sido insuficiente, tanto en su capacidad para generar debate como para crear una oposición de hecho. Esto es propiciado por la propia inercia en el funcionamiento de los sindicatos, por la falta de militancia de calidad. Y esa misma falta de vigor militante es lo que resta potencia a la crítica y la organización contra el ataque reformista.

 

Estar dentro y fuera, hablar y no hablar para que no te oigan, es imposible. Como es imposible luchar por el anarquismo y querer abrazar una vida tranquila y burguesa, siguiendo la ley del mínimo esfuerzo, evitando todo lo que suponga riesgo, que en el activismo anarquista es todo. Se está en la lucha si se sostiene el espíritu de sacrificio y solidaridad propio del ideal, sin pararse a mirar si al final has dado más que los demás, sin echar en cara lo que se hace, porque se hace por la causa, no por nadie en específico. Si nos tocan a uno, nos tocan a todos, esto tenemos que grabarlo al fuego en nuestra conciencia, y dejar de lado los individualismos y las hipocresías propias de la mentalidad liberal que se inculca a la clase obrera desclasada de hoy.

 

En el pasado fue más fácil al ser la situación de la clase obrera tan precaria que a todos ponía en igualdad de condiciones. Sabemos como a partir de mitad del siglo XX, la socialdemocracia y sus reformas van conformando una clase obrera más rica. Esta clase hoy se ve a sí misma como “clase media”, cuando en realidad su rol no es directivo ni subalterno, ni desde luego su trabajo es libre, sino que se entiende como parte de un precariado de empleos terciarios de más cualificación que el de los obreros del pasado, pero funcionalmente en el nivel más bajo, más sometido y más vulnerable. De hecho el principal tema de conversación en que se puede notar la queja en esa “clase media de pega” es siempre el desempleo para quien no trabaja y la precariedad del empleo para quien está en activo. Precisamente porque el estado del bienestar y el pactismo de los sindicatos, en un contexto de crecimiento y pleno empleo, llevaron a la clase obrera a dejar que se hundiera la única rama del movimiento obrero que no se vendía, el anarcosindicalismo, es por lo que éste va a resurgir. En la medida en que el sistema parece ganar la batalla y contentar al obrero, éste, aparte de cómo influyen los ciclos de recesión-crecimiento, va a ir perdiendo posiciones frente al capital, puesto que se HA DESARMADO. Tendrá que llegar el momento en que tome conciencia de esto y recupere su arma de defensa, que es el sindicato anarquista, y que para los trabajadores de España es por herencia histórica, la Confederación Nacional del Trabajo. Aunque tal vez se llame de otra manera lo que el sector más consciente de la oposición al reformismo vaya a organizar en lo sucesivo, en contenido y forma de acción será la CNT auténtica, y esperemos que sea pronto cuando se produzca este reorganización y confederación de fuerzas escindidas, porque la situación de la clase trabajadora empeora por momentos y exige de esta determinación. El auge del anarquismo depende de la lucha por un destino colectivo, no de individuos sueltos, o élites de individuos, por eso el desarrollo ideológico de la filosofía anarquista tiene lugar cuando se desata la fuerza social histórica capaz de empujar el ideal. Ésta fue a fines del XIX y principio del XX, la clase obrera, de ahí la relación entre anarquismo y movimiento obrero. El anarquismo como filosofía, guiada por la aspiración a eliminar toda forma de jerarquía, posee un alcance intemporal, pero como ideología, hunde sus raíces en el contexto histórico del que surgen los conflictos concretos, que siempre procederán de las capas sociales inferiores, que son las que más sufren, hoy todavía y a nivel mundial, la clase trabajadora, en la que coexisten el salariado con diferentes formas de explotación más cercanas a la esclavitud, pero todas produciendo para el patrón, que controla los medios de producción, necesarios para la supervivencia.

 

Si bien individualmente, el camino de entrada al anarquismo difiere, en lo colectivo, desde siempre la idea llegó más a la clase trabajadora que al resto de clases, contribuyendo los movimientos interclase únicamente a difuminar ese choque social. Ni siquiera ante la perspectiva de una catástrofe ambiental global que llevara a un cambio rápido en la conciencia de toda la población salvo las cúpulas dirigentes de gobiernos y multinacionales, llevaría al anarquismo de forma rápida y segura. No hay un anarquismo de vía rápida, éste como ideología madura conforme lo hace el colectivo histórico en que prospera. Los sucesos ambientales, ecónomicos, etc…influyen en el cambio social, pero el cómo influyen depende de cómo se interpretan. A este respecto la cultura anarquista requiere de una continuidad generacional, de la creación de un tejido social que se extienda en la sociedad y en el espacio, a partir de una identidad que impida las mistificaciones y eluda los derroteros interclasistas, que nunca conducirán al anarquismo. Somos obreros. Históricamente hemos sido los obreros los que hemos organizado la lucha por el ideal, y lo justo y necesario es que reconozcamos esta identidad y esta misión histórica. Desconfiemos de la burguesía, de quien dice estar en nuestra filosofía, pero que a la hora de luchar, teme por su pellejo y por su propiedad. Tal vez los obreros necesiten la desesperación para recuperar el movimiento, pero no hemos de dudar de que serán ellos los que volverán a levantarlo. Lo que de ninguna manera podemos suponer es que esto tendrá lugar sin un esfuerzo de difusión de la idea por nuestra parte, y aquí es al sacrificio de los militantes sobre todo en su acción propagandística y formativa, al que hemos de agradecer lo que se consiguió en el pasado y lo que se consiga en el futuro. Los obreros no nacen anarquistas, se hacen anarquistas cuando pueden aprender de su experiencia al contacto con las ideas anarquistas. Por eso es necesario el trabajo continuado, la organización con una identidad y unos objetivos claros. El anarcosindicalismo surge de una necesidad de desarrollo de las sociedades obreras, al igual que la AIT. Cuando desde fines del XIX se pasa de la insurrección a la huelga, para que ésta se haga general y revolucionaria, no hay más remedio que coordinarse en estructuras cada vez mayores, y para que esto fuera posible sin jerarquías, se adoptó una estructura federal, en la que las decisiones iban de abajo a arriba, careciendo de autoridad los órganos coordinadores. Y las diferentes secciones de la AIT tenían esta estructura, incluyendo a la FORA, que en lugar de “sindicatos” usa el término “sociedades de resistencia”, y que en puesto de “comités” tiene “consejos”, con la diferencia de que desde su formulación anarquista definitiva en 1905 ha defendido un concepto de sindicalismo como medio y no como fin y a hecho expresa, en cada uno de sus Congresos, la determinación de no hacer concesiones al reformismo, y de no dar poder a los cuadros sindicales. Esto sin embargo, no significa un blindaje frente al entrismo y la burocracia, ni pasaría de ser una declaración de intenciones si no mediara el trabajo ideológico de la militancia. ¿Cuántas escisiones se han producido ya en las secciones de la AIT? La misma FORA tuvo un doble durante años, la FORA IX Congreso, lo mismo que la CNT francesa, y la CNT…lo que diferencia unas escisiones de otras es la fuerza con que la afiliación rechaza al reformismo, y es esto lo que determina la fuerza del anarcosindicalismo. La concienciación de su afiliación es la única medida de seguridad con que cuenta frente a estos ataques, que tal como demostró la experiencia de la FAI, tampoco desaparecen en los grupos de afinidad sino que se reproducen en pequeño - ahí tuvimos a los faístas autoritarios y a los faístas ministros-. Reconozcámoslo: esto cuesta, hay que ganar las mentes, y eso no es un camino de rosas, ni nos lleva al crecimiento rápido.

 

Por lo tanto, para aprender de la historia, lo mejor es empezar por asumir que el sindicato no es una gestoría de conflictos, es un arma de lucha directa que nos legaron nuestros antepasados y que como ellos, hemos de fortalecer a base de concienciar a nuestros hermanos de clase. En defensa de la CNT anarcosindicalista, siempre quedarán por suerte, quienes estén dispuestos a sacrificarse por ello.

 

 

¡ Salud y solidaridad con los titiriteros presos,

 

condenados por hacer lo que hay que hacer,

 

llevar el ideal a la calle !

Anarquist@ del Sureste Ibérico

 

 

Comentarios   

-2 #2 Antonio 25-02-2016 23:00
¿ataques a la CNT ? a la CNT la llevan atacando mucho tiejmpo desde dentro, desde los comites, desde las regionales, desde el confederal ¿o piensas que eso es la CNT? la CNT no son los comites, son los militantes, militantes a los que se manipula, se ningunea ¿sabes que hay sindicatos que no dan las claves de acceso a eliseo a sus afiliados?, la CNT son los trabajadores anarcosindicalistas tengan o no carné. ¿que alguna vez han habido trabajadores a sueldo?¿y qué? los errores no deben repetirse, tambien participaron en un gobierno y despues reconocieron que fue un tremendo error y que no habia que volver a hacerlo.
Si tienes razon en una cosa, en otros tiempos habriamos acabado conlos saboteadores de otra forma mas contundente, poniendo una bomba en el congreso de zaragoza, el congreso de la vergüenza y la traición.
Viva la CNT!
Viva la anarquía!
Abajo los saboteadores!
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+3 #1 Uno 11-02-2016 08:49
No haceis más que escupir en la memoria de nuestros abuelos con estos ataques a la CNT.

Sorpresa, la CNT de los años 30 tenía cuientos de asalariados, en su organo de expresión "Solidaridad Obrera" se anunciaban grandes almacenes y tiendas de todo tipo.

Está eran las máximas de todo cenetista:

- El anarcosindicalismo y el anarquismo organizado, se rigen por la ley de mayorías.

- El militante tiene derecho a opinar y defender su tesis, pero viene obligado a acatar las decisiones mayoritarias, aunque sean contrarias a su sentir.

- El sello confederal es el único ingreso que tienen los Comités Regionales y Nacional. No cotizarlo, es sabotear la obra que has encomendado a estos Comités, los cuales no la realizarán, por falta de medios económicos.

- Rechazamos el autoritarismo individual, pero aceptamos, y hay que cumplir, el mandato colectivo y mayoritario. Sin ese reconocimiento, no hay organización.

- Agilidad mental para ver el peligro y superarlo con rapidez, es lo que hace falta. Perder el tiempo divagando en reuniones, con disquisiciones filosóficas, es antirrevolucionario. El adversario no discute, actúa.


En otros tiempos habrían acabado con saboteadores de la anarcosindical como vosotros por medios más directos, pero por suerte para vosotros, son otros tiempos.

Viva la CNT!
Viva la anarquía!
Abajo los saboteadores!
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